miércoles, 5 de octubre de 2011

Introducción a la literatura


La introducción a la asignatura ha consistido en una reflexión activa sobre el término literatura infantil.  Durante varias clases hemos realizado una “lluvia de ideas”, sobre las que hemos reflexionado, llegando a la conclusión de que para averiguar qué es literatura infantil, es absolutamente necesario comprender, qué es literatura y cuáles son las características que diferencian estos textos de los demás.


Después de seleccionar las ideas que realmente describen qué es un texto literario y descartar las que a pesar de ser características de estos textos no lo son exclusivamente, sino  que son generales de cualquier texto, hemos sido capaces de darle una definición al término literatura. Para ello hemos tenido en cuenta la evolución que ha sufrido a lo largo de la historia. La Real Academia Española, en el siglo XVIII la definió como: "arte de la palabra escrita". Esta definición estaba coja ya que faltaba algo fundamental: se excluía toda la literatura que se transmite o se ha transmitido de forma oral. A finales del siglo XIX principios del XX, se completa la definición incluyendo la literatura oral de la siguiente manera: literatura: arte de la palabra, oral o escrita.

Para poder diferenciar los textos literarios del resto, comprobamos que era imprescindible aclarar nuestras ideas y llegar a una serie de características que nos permitiesen tener claro, qué es realmente literatura y qué no lo es. Para ello hemos sintetizado entre todos, unos rasgos concretos que nos permiten realizar esa diferenciación:

El texto literario se caracteriza por la especial atención que recibe el mensaje. Este tiene mayor importancia que el contenido. En el proceso de creación, el escritor se detiene en la estructura, que hace referencia al contenido y a la forma.
Se utilizan una serie de recursos literarios, que junto con el lenguaje, pretenden crear algo bello. Esta pretensión se denomina: intencionalidad estética, que se verá reflejada en todo el texto.

Como hemos señalado anteriormente, cada texto consta de una estructura y una forma específica según al género al que pertenezca. Los textos literarios, por tanto, tienen una estructura concreta. (Ej. El verso en el caso de la poesía o la disposición en forma de diálogo en el teatro.) . Atendiendo a este criterio, es por tanto fundamental que cada texto pueda ser inscrito en cualquiera de los géneros literarios que abarca: prosa, verso o teatro.
Otra característica fundamental es la voluntad artística. Se emplea el lenguaje de tal forma que la intención es la creación de una obra de arte. No existe, pues, una finalidad práctica, sino puramente estética. Hay casos en los que esta intencionalidad artística es sustituida por intereses económicos. (Este es el caso de numerosos “best seller”). A este tipo de literatura se le denomina: “Subliteratura”.

Siguiendo con nuestro recorrido por las principales características de los textos literarios, no podemos olvidar mencionar, que para que un texto sea literario debe ser forzosamente de ficción, incluso cuando están inspirados en la realidad. Cuando no hay una intención artística y no se trata de algo ficticio, se trata de “Paraliteratura”. Las biografías por ejemplo, pertenecen a la Paraliteratura. Por consiguiente, tanto la Subliteratura como la Paraliteratura están relacionadas con la literatura, pareciéndose mucho pero sin llegar a serlo.

Por último,  y ya fuera de las características especificas de los textos literarios, destacar que, dentro de las funciones de lenguaje de Jakobson la más empleada es la función poética (los textos literarios son los que más utilizan esta función) y la función expresiva, que se refiere al estilo del autor.

Teniendo claro por tanto qué es literatura y qué no, podemos centrarnos en comprender en qué consiste la literatura infantil. Se podría definir como: toda producción que tiene como vehículo la palabra con un toque artístico o creativo y cuyo receptor es el niño, es decir, aquella cuyo objetivo es crear arte para el niño.

Es una literatura de receptor implícito, ya que está destinada a un determinado público: el infantil. Sin embargo, durante las reflexiones que llevábamos a cabo en clase, nos iban surgiendo una serie de preguntas, referentes a cómo establecer los límites entre literatura infantil y juvenil. Si algo nos ha quedado claro, es que la edad mental muchas veces no tiene nada que ver con la física, y por tanto, encasillar a un niño por su edad física es un error. Sin embargo, es evidente que se necesita, en términos objetivos, establecer unos límites de edad. La respuesta a esto la dio la editorial “El barco de vapor” (primera colección de literatura escolar), siendo referencia para toda España. Diferenció cuatro series en función de la edad de los lectores: la serie blanca para primeros lectores (0-5 años); serie azul (6-8 años); serie naranja (8-10 años) y serie roja (10-12 años). Coincidiendo cada serie con los diferentes ciclos de primaria y en el caso de la blanca con la etapa de infantil.



Por tanto definimos literatura infantil como aquella que abarca desde los cero a los doce años, y cuyo objetivo fundamental, es crear arte para el niño.

Para acabar con la introducción a la asignatura, hemos analizado la última parte del título. Quizás sea el término más ambiguo de los tres, sin embargo hemos llegado a la conclusión unánime de que se trata, de lo que al fin y al cabo, sabe una persona sobre literatura.

Aplicando esta definición a la escuela, podríamos afirmar entonces que la cultura literaria es el conjunto de conocimientos básicos que son necesarios que el niño tenga, para poder comprender mejor la literatura.
Fuentes consultadas: clase de literatura española, literatura infantil y educación literaria.

El curriculum vigente actualmente para la educación primaria, recoge la necesidad de que el niño reconozca literatura a lo largo de su evolución a través de los tres ciclos de primaria. Lo hace de la siguiente forma:
La educación literaria comienza con una  primera aproximación del niño a la literatura de manera sencilla, natural, a través de los sentidos, del juego. Escuchar los textos, imaginar a los personajes, explorar y jugar con la escritura, deben convertirla en una experiencia placentera, divertida y deseada por el niño.
Desarrollando su curiosidad por los textos, por las historias; haciéndoselas atractivas y fáciles de entender, conseguiremos crear un hábito lector.
La escucha de textos literarios y la lectura guiada y en voz alta, comentando y compartiendo entre todos los textos, haciéndolos comprensibles, es fundamental en el Primer ciclo. Jugaremos con refranes y adivinanzas; manifestaremos sentimientos con la poesía e interpretaremos personajes teatrales.
Poco a poco fomentaremos la lectura silenciosa y personal en el Segundo y Tercer ciclo, valorando la autonomía lectora y las preferencias personales, aunque siempre guiando al niño. Introduciremos además, distintos medios audiovisuales para continuar haciendo la literatura atractiva y cercana a su mundo.

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